Com sobreviu el botiguer del meu barri?

Cereria Subirà Actualitat, Recull de premsa

Article publicat a El País – Pienso, Luego Actuo.

Un passeig per tres comerços centenaris; la nostra Cereria Subirà a Barcelona, la Mantequería Andrés a Madrid i la Sombrerera Albero a València. Els propietaris que regenten aquests negocis històrics, expliquen la seva situació i com han aconseguit perdurar al llarg dels anys.

Resaltan en el paisaje de cualquier ciudad. Son presencias inquebrantables que llevan años proveyendo de productos y servicios, aconsejando al cliente y tejiendo relaciones en el vecindario. Son los comercios de barrio, esas tiendas de toda la vida que suman en España cerca de medio millón, según la Confederación Española de Comercio (CEC). Establecimientos que además contribuyen a que las ciudades no sean un calco de bajos deshabitados, homogéneos y cerrados. “Sin esta clase de negocios nos encontraríamos locales tapiados, calles iguales, guetos”, incide Pedro Campo, presidente de la CEC. “Aportan seguridad, iluminación, actividad. Y fomentan las relaciones sociales”.

La història d’aquest tipus de comerços és de resistència tossuda i fidelitat a l’ofici. En temps de franquícies i grans superfícies, perdurem a força de proximitat, bon tracte i productes a preus competitius.

Lámparas de gas con forma de estatuas, escalinatas de mármol y un suelo ajedrezado que podría ser el sueño de David Lynch. Pilar Subirà está al frente de Cereria Subirà, una tienda de velas en pleno centro histórico de Barcelona que, desde 1939, ha superado las más pintorescas vicisitudes: incendios, cambios culturales, restricciones en la liturgia religiosa, ¡la llegada de la electricidad! “El oficio de cerero está documentado desde el siglo XV”, explica Subirà, de 55 años y, tras su padre Jordi y su abuelo Paulí, tercera generación de los ceristas. “Las velas eran lo que hoy son las eléctricas. Un bien de primera necesidad para Barcelona”.

En 2014, Subirà se encontró con una encrucijada. Su padre se retiraba por motivos de salud. Ella podía continuar con su carrera profesional en la música o asumir la dirección de la cerería. “Lo hice un poco por conciencia histórica y por responsabilidad familiar para con su obra”, explica entre risas. “Hoy tratamos de actualizarnos, de pensar qué valores puede aportar una tienda, cómo hacer que esto sea viable en el siglo XXI sin renunciar al peso histórico”.

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